Un día cara a cara con mi Amada.

He cortado una rosa del jardín de mi vecino rosa hermosa con fragancia a grandeza, digna de no cualquier chica sino la chica que extrañamente he creado en mis sueños.
Busque con tanto anhelo que no me fijaba en el tiempo, el clima tampoco importaba, busque en los días soleados, también bajo las duras tormentas y hubo días donde buscaba y ni el cielo se encontraba.
Decepcionado de no haber encontrado a mi amada me dispuse a regresar a casa, la rosa marchita estaba y tenía que explicarle a mi vecino por qué la había tomado. Llegando al final de una calle vi que estaba ella, una chica nueva que jamás la había visto, pensé que era el reflejo de mi imaginación, entonces pensé en pasarle por la lado y tropezarla a propósito con el fin de que si fuera mentira desaparecería dejándome como el mayor de los locos. Así lo hice pero mi sorpresa cuando toque sus hombros ella se volvió tangible, se volvió real.

Lo siento –Dije apenado, pensando que quizás era un sueño.

Tranquilo –respondió esa hermosa chica
Como ha pasado esto, como es que cuando no me quedaban ya esperanza de encontrarla es cuando por fin llega a mí. Guarde silencio mientras miraba sus ojos claros, la toque de nuevo, aunque esta vez de forma sutil, un toque suave en sus manos pensando que era el momento donde despertaría de aquel sueño, pero no nuevamente sentí lo suave de su piel.

¿Te pasa algo? –me pregunto guiándose por mi tonta cara de asombro.
Sí, me pasa mucho. Resulta que había iniciado la búsqueda para dar contigo…

Conmigo –interrumpió rápidamente, mientras sus ojos se volvían un infinito cercano.

Si, tú eres mi amada, la que había estado buscando y que desde hace tiempo se me había escapado de mis manos, hoy no será así, hoy no te dejare ir. –Dije tantas cosas que aún me asombro de que hayan salido de mí.

¿Qué es eso que llevas en tus manos? –pregunto mientras me observaba fijamente.

Es una rosa, o bueno el recuerdo de una, era para ti mi amada. Pero la búsqueda la ha consumido ahora muere en la agonía de que nunca la tendrás entre tus hermosas manos.

¿Puedo aun tocarla? –me pregunto con un su semblante entristecido.

Claro que puedes –le di aquella rosa marchita y lo que paso a continuación aun me deja asombrado. Aquella rosa cobro vida, regreso a la vida cuando mi amada la tomo entre sus manos, pero no se quedó solo allí esa rosa era aún mucho más hermosa de lo que era anteriormente como si de pronto el tacto de sus manos le transmitieron esa vida que ella desprendía.

Oh, ¿qué magia ha ocurrido aquí? –Pregunto esta vez sonriendo y aun les puedo decir detalladamente lo que causo en mi esa sonrisa, pero luego les cuento confórmense con saber que hasta el tiempo se congelo al observarla sonreír.

La única magia que ha ocurrido es aquella que solo tú has podido lograr, no hay duda de que eres mi amada y que ahora con la rosa de testigo quiero pedirte que aceptes convertirte en mi más grande amor, en mi amada. –lo dije seguro de que era ella, de que solo bastaba que me dijera que si para besar aquellos labios vivos.

Por supuesto –lo dijo de manera tierna y volvió a sonreír esta vez su sonrisa era aún más hermosa que la anterior.
Tome sus caderas y la mire fijamente, luego baje la mirada hacia sus labios y de forma tímida fui buscando la manera de besarla, cuando por fin estaba a escasos centímetros de tus labios…. Ella desapareció.

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