Enamorarse del malo

Salí lo más rápido posible de mi casa, llevaba aun un trozo de pan en mi mano del desayuno. Iba tarde, ya era casi la hora de entrar a clase y como todos los jueves a primera hora tendría clase de literatura con el profesor juan. Era de mis profesores favoritos, debido a esa crueldad de hacernos sufrir años tras años, llegue al punto de tenerle aprecio. Ya en el salón de clase estábamos todos los treinta alumnos reunidos esperando la llegada del profesor (que para mi suerte se había retardado), de haber llegado a tiempo me hubiera castigado por llegar diez minutos tarde a su clase. Estuve hablando con varios compañeros entre ellos Ernesto, un gran amigo y compañero con el cual hablaba de cine y de libros casi que todo el tiempo, aunque esa mañana fue distinta, no hablamos de los nuevos estrenos de la gran pantalla, tampoco de los autores resaltante del último mes, Ernesto se notaba distraído, como si le estuviese ocurriendo algo. Luego de varios minutos indagando mediantes preguntas discretas logre dar con lo que le ocurría a mi buen amigo, el pobre estaba pasando por un gran desamor, a causa de Andrea la estudiante del salón vecino, él llevaba ya tiempo enamorado de ella y había hecho de todo por conquistarla, de hecho me había pedido que le corrigiera varios poemas que le había escrito a ella, poemas francos, suaves, apacibles con unas letras casi mágicas. (Cualquiera chica hubiera caído a sus pies con solo leerle). Claro que Andrea no, era una chica hermosa, extraña diría que muy extraña o bueno era difícil el descifrarla, saber lo que sentía, lo que pasaba por su mente todo era un misterio, pero siempre tuvo una fascinación por los chicos rudo, rebeldes y problemáticos, eso era lo única parte de ella que dejaba descubierta antes los ojos de los demás. Para la desgracia de Ernesto el no cumplía con eso que a ella le fascinaba, no poseía ese fuego que a ella tanto la atraía.
Finalmente termino la clase de literatura, hicimos un taller en pareja sobre “la ciudad de las bestias” un libro fenomenal que creo haberme leído unas tres veces antes de que el profesor lo mandara a leer y luego de eso lo leí un par de veces más y lo mismo había hecho mi compañero de taller que fue elegido por el profesor para mi gusto me tocó trabajar con Erick un excelente alumno y gran lector.
De camino a casa iba meditando sobre mi charla con Ernesto, no era normal verle tan decaído, como si la última gota de esperanza se hubiera vaporado. Pobre, nadie merece sufrir así por amor, es más creo que nadie que sepa amar de verdad merece sufrir por dicho amor.
Creo que ambos llegamos a una conclusión razonable y semi-creíble de que Andrea era del tipo de chica que elegía enamorarse de los malos, era de esas chicas que iban por el mundo rompiéndoles el corazón a los chicos buenos y luego pagando con sufrimiento antes los chicos malos, era lamentable que cosas así le pasaran a nuestros seres queridos, pero todos estamos propenso a pasar por estas cosas, por estos tipos de amores dañinos que van quemando cada uno de esos buenos sentimientos que nos hacían creer que el cielo no era tan inmenso como lo escuchábamos decir a diarios por todos. Eran el tipo de sentimientos que nos ayudaban a construir una escalera inmensa que nos dejaba cara a cara con el infinito, de esos sentimientos que nacen y mueren una sola vez.

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