Domingo Ausente

 

 

 

Porque no todos los domingos son iguales…. Hay algunos que se vuelven ausentes.

 

Mi mañana se sobrepasó. Mis ojos vieron muy poco el brillo del sol, mi cabeza divagaba por un mundo extraño, mientras que mi cuerpo seguía atado a la cama. No podía abrir los ojos o quizás sí, pero no quería hacerlo, todo porque ese domingo me parecía absurdo despertar, porque no iba a poder verla a ella, como lo hacía en cada domingo que pasaba.

Se había marchado de viaje y en sus maletas llevaba todos mis sentimientos, emociones y deseo de levantarme.

Sabía que este domingo sería un domingo ausente y yo me convertiría en un chico invisible. Dormiría hasta que me abandonara el sueño, pero eso sería imposible, debido a que sus besos eran la cafeína que me mantenían despierto. Sus caricias no me dormían, era el tipo de caricias que te despiertan. Me gustaba estar despierto solo para verla y así poder perderme en su sonrisa que ahora no tenía conmigo.

La extraño…

 

Me despido diciendo que el dormir me mantiene sereno. De esa forma puedo dejar de pensar en que ella no está conmigo. Aunque en mi mente su nombre resuene con tanta fuerza, que veo su cara en mi almohada y me habla, me dice que pronto volverá y que me besara tanto que mis labios jamás podrán  borrar el sabor de sus besos de nuevo…. Y me gusta eso.

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