La última gota de aquel viejo diciembre

 Comenzamos a extrañar esos pequeños detalles que al tenerlo no fuimos capaces de valorarlos, no los aprendimos a vivir.

 

Sentado a la mesa donde ahora escasea hasta las sonrisas que se escuchaban en todo momento, comienzo a caer en cuesta lo diferente que nos hemos vueltos. Ya no hay niños corriendo en las calles, ni gente adulta reunidas a fuera de sus casas. Solo están las calles vacías, muertas, el temor se apodero de todos.

 

Han cambiado

A mi gente hermosa

Por favor devolverla

 

 

Sentado a la mesa donde antes habías caricias y besos sin necesidad de estar bajo el muérdago debido a que nosotros éramos creábamos nuestro propio muérdago con cada beso, con cada roce… Por mi ventana noto que las calles siguen sola, nadie quiere salir a saludar a su vecino, a contarle su vida a la señora chismosa de la esquina. No han cambiado de a poco y recién es que comenzamos a darnos cuenta. Ya los niños han dejado de corres tras sus sueños.

 

Mis calles

El inmenso cielo

¿A dónde se fueron?

 

 

Me despido diciendo que he colocado mi carta con mis más grandes sueños, la he dejado bajo ese arbolito que ya ha dejado de alumbrar.

 

¿Pueden regresarnos nuestros viejos diciembre?

 

 

 

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